Uno de mis propósitos para este 2020 es escribir en mi blog con más frecuencia. Durante esta semana pasada he dado tres sesiones de reiki en mi casa y hablando con estas personas siempre me encuentro con un patrón en común: la necesidad de que las personas apliquen el perdón en sus vidas. Cuando digo necesidad me refiero a que si quieres estar presente, en paz y con bienestar obviamente primero necesitas liberar las emociones y las causas que sostienen tú sufrimiento. El reiki llena de energía al paciente pero un preliminar indispenable para que la energía nueva entre es que primero se libere la energía tóxica.

Perdón viene etimológicamente de PER (permanentemente) DON (donar).

Es decir, donar permanentemente. ¿Qué quiere decir esto? que el perdón es la acción mediante la cual donamos permanentemente a la vida nuestra percepción erronea, nuestros juicios, condenas, resentimientos o emociones tóxicas.

La vida sucede en el ahora, siempre es ahora, el pasado y el futuro siempre suceden en forma de pensamiento en el momento presente. Lo único que existe es este momento. Esto lo explica magistralmente Eckhart Tolle en su libro «El poder del ahora»

La mayoría de las veces cuando nos encontramos mal por algo, sólo con hacernos la pregunta: ¿ahora, en este momento, que problema tengo? y la mayoría de las veces nos damos cuenta de que no hay problema ahora, el problema es una construcción mental de pensamientos en bucle sobre situaciones del pasado que querríamos cambiar, o situaciones futuras que nos gustaría controlar o solucionar.

Es decir, una de las mayores fuentes de sufrimiento es ese constante flujo de pensamientos de culpa y resentimientos que no nos permiten estar viviendo la paz y la presencia en cada momento. Decía John Lenon:

«la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes»

A lo que yo añadiría: «… y mientras estás ocupado intentando resolver algo que ya sucedió y es imposible cambiar.» Y bien, no quiero seguir profundizando en el problema. Planteo esta introducción para ir hacia la solución. Las dos prácticas que más te van a liberar mentalmente de este bucle de pensamientos de sufrimiento y aungustia son: la gratitud y el perdón.

Me voy a centrar en el perdón en esta entrada y compartir una de las prácticas que aprendí de mi maestro Jose A. Manchado y me ha cambiado la vida para mejor.

Todos tenemos situaciones en el pasado que nos atormentan en menor o mayor medida, a mí las personas que más me costó perdonar es a mis padres. Cuando logré comprender, perdonar y sanar esa visión equivocada que yo tenía sobre las experiencias de mi infancia con ellos mi vida cambió. También cambió de manera radical mi relación con ellos, incluso ellos cambiaron algunos patrones y comportamientos consigo mismos.

Cuando yo les acepté tal y como son y les agradecí todo lo que dieron en lugar de culparlos por lo que no me pudieron dar, me sentí más en paz, más responsable de mi vida, más ligero y lo mejor de todo es que ellos me aceptaron a mí tal y como soy, con mis luces y mis sombras. Hoy soy mucho más libre y mejor persona gracias a esto. Es más, gracias al sufrimiento que he vivido ahora puedo ayudar a otras personas a transcender el suyo.

Muchas personas meditamos o hacemos diferentes prácticas de crecimiento interior: reiki, yoga etc nos sentimos bien, en paz, presentes y agradecidos en esos momentos pero en poco tiempo esa sensación se va y los resentimientos vuelven a tu cabeza, incluso con más fuerza.

De echo, la palabra RE-SENTIMIENTO ya en sí misma te plantea el conflicto, volver a setir una y otra vez algo que no está resuelto en tu subconsciente. Si una situación del pasado sucedió ya no se puede cambiar, lo único que te queda es aceptarla y aprender de esta para después soltarla, donarla a la vida.

La naturaleza coje nuestras emociones tóxicas y resentimientos y los usa como si fuera estiercol enrgético para crear nueva vida. La naturaleza esta deseosa de que le entregues eso, te limpies y cuando ya no exista ese «re-sentir» entonces podrás empezar a «sentir» la vida tal y como es.

Hay una parte de nuestra mente que no quiere perdonar. Esto es así porque queremos tener razón, de alguna manera nos gusta sentirnos víctimas porque así ganamos algo, ya sea un «pobrecito» ya sea reconocimiento social. Incluso a un nivel más profundo, el quejarte se convierte en una parte tan grande de tu personalidad que soltar todo eso supondría un duro golpe a tu identidad construída durante años.

No me quiero alargar mucho porque escribiría horas y horas sobre este tema pero la cuestión no es demostrar todo lo que creo que se… sino ayudar a que haya un poco menos de sufrimiento a mi alrededor con las prácticas que a mi me ayudan y que tú descubras por tí mism@ lo que estoy compartiendo. Si te crees esto no funciona, se trata de que tú lo experimentes.

Hay muchas prácticas sobre el perdón. A continuación voy a escribir la práctica del perdón bidireccional que es la más útil y profunda para mí, ya que muchas veces perdonamos a alguien pero no nos perdonamos a nosotros mismos y curiosamente somos nosotros mismos los que más necesidad tenemos de perdonarnos.

Perdonar no significa estar de acuerdo con lo que sucedió. Si te maltrataron, te violaron etc No significa que eso esté bien, de lo que hablamos es que lo sucedido realmente pudo ser algo muy injusto y duro pero tú hoy en día eres responsable de aceptarlo y perdonarlo. Es un cuestión práctica e incluso egoísta si se quiere ver así. Perdona por tí mismo, para liberarte de ese resentimiento que te atormenta. Lo decía el Dalai Lama:

«Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar»

En las situaciones más duras de la vida siempre hay un aprendizaje, siempre hay otra manera de verlo, siempre hay una comprensión posible. Odiar y maldecir a alguien es como beber un vaso de veneno y esperar que el otro se muera.

Hay muchísimas frases y anécdotas que se me vienen a la mente mientras escribo esta entrada, por ejemplo una que escuche a Jose en una ocasión y cuyo autor no encuentro:

«El lugar más sagrado de este mundo es aquel en el que un viejo resentimiento se convirtió en amor»

Ese lugar es el templo más hermoso, un templo sin creencias, sin forma y se encuentra muy cerca de ti.

 

PRÁCTICA DEL PERDÓN

Durante toda la práctica lo más importante es sentir. No funciona a nivel mental. La base es CAER AL CORAZÓN rendirte, soltarte y abrirte a lo nuevo. Las emociones enquistadas necesitan ser sentidas para que salgan fuera y se sanen.

Insisto, no tienes que estar deacuerdo con lo sucedido, nadie supo hacerlo mejor, sucedió así porque la vida quiso que sucediera así.

Te pones en un lugar y posición cómoda. Si lo haces en postura de meditación genial, pero lo puedes hacer en una silla o tumbado, estáte cómodo, ya que si tienes incomodidades durante la práctica el pensamiento no te deja profundizar en la práctica.

Piensas un tiempo en la persona, la situación, lo sucedido y empatizas.

Sientes tu sufrimiento o malestar sin escapar, lo sientes, lo aceptas, al igual que sientes el sufrimiento de la otra persona, te tomas un tiempo y te dices a ti mismo tranquilo y sintiéndolo muy despacio:

¿Qué puedo aprender de esto? (y siente, no te tiene que venir una respuesta en ese momento… ya llegarán las respuestas)

Y a continuación visualizas a esa persona o situación delante tuyo y vas diciéndote internamente estas frases sintiendo lo que estás diciendo:

Lo siento

Te perdono

Me perdono

Te libero de mi juicio

Me libero de mi juicio

Eres inocente

Soy Inocente

Somos inocentes

Te amo

Me amo

Gracias, gracias, gracias.

 

Durante la práctica te llegarán pensamientos disfuncionales de esa vocecita tan simpática llamada EGO como por ejemplo: «esto no funciona» «yo no tengo nada que perdonar…» «estas perdiendo el tiempo» «lo estas haciendo mal, mira, si estas en la mente todo el rato» etc

No importan las resistencias mentales. La práctica funcionará si tu la continúas haciendo te diga lo que te diga el pensamiento, vuelves a caer al corazón y sigues. Con el tiempo la vocecita se irá relajando, se trata de seguir y seguir practicando…

La primera pregunta que hacemos todos es: «¿y cómo se cuando lo he perdonado?, ¿cuanto tiempo lo tengo que hacer?» Bien, se recomiendan 21 días aunque yo en el caso de mis padres estuve meses haciéndola con cada uno.

Realmente sientes cuando ya lo has perdonado. Tú lo sabes porque se dan una serie de emociones diferentes al pensar en eso de nuevo. Has perdonado cuando comprendes que no había nada que perdonar, simplemente era una visión equivocada. Cuando sientes gratitud y alegría al pensar en esa persona, incluso mucho amor… pero en fín, estos son sólo palabras, el estado en el que te encuentras cuando has perdonado algo que te atormentaba no hay palabras que lo pueda describir.

Tengo la intuición de que esta entrada va a ser muy útil para muchas personas porque el perdón es maravilloso y todos necesitamos de este dulce medicamento del alma.

 Además de la práctica escrita dejo abajo un link a esta meditación guiada por Jose A. Manchado que grabamos en un retiro.

 Abrazos y gracias de corazón por leer y compartir.

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